Lorena Aparisi

Nunca sabes lo fuerte que eres, hasta que ser fuerte es la única opción

Caminantes aspanionMe llamo Lorena, tengo 29 años, hace 15 me diagnosticaron una Leucemia linfoblástica aguda de muy alto riesgo, voy a contaros como conviví día a día con mi enfermedad y también las repercusiones que ella tuvo en mi vida.

Tenía 12 años cuando me diagnosticaron la leucemia, había estado más de mes y medio con fuertes dolores en los huesos y otros síntomas que me hacían imposible el día a día, el día a día de una niña como cualquier otra llena de sueños e ilusiones y en esa edad difícil del cambio de niña a adolescente.

Ingresé en el hospital de Sagunto dónde tardaron 12 días en diagnosticarme. Al día siguiente una ambulancia a toda velocidad me llevaba a la Fe de Valencia, un nuevo hospital del que no saldría en mucho tiempo, entré asustada y desconcertada, el viaje fue horrible, allí me hicieron las primeras pruebas y me explicaron que me pasaba a las pocas horas de entrar “¿Qué es leucemia? ¿Es algo malo?”, alcé la mirada preguntándole a mis padres, pero su cara lo decía todo.

La doctora Cañete me explicó todo con unos cuentos mediante los cuales entendí enseguida que me pasaba, me explicó que se me caería el pelo y que tenía que dejar de ir al colegio una temporada. Cuando creí que iba a ponerme a llorar les dije: “quiero que me expliquéis todo lo que vais a hacerme y todo lo que me va a pasar, no quiero que me engañéis en nada”, ese mismo día me raparon la cabeza, cuando me mire al espejo solo pude mirar a mi padre y reír. A raíz de ese momento Lorena dejó de ser una niña, veía las cosas desde otra perspectiva, quería luchar y ser feliz, ser una más entre los demás fuera del hospital y quería sobre todo naturalidad, no pasaba nada, todo estaba bien. “Podremos con esto mama” le dije.

“¿Qué es leucemia? ¿Es algo malo?”

Empecé el tratamiento y con ello llegaron los problemas, tuve efectos secundarios graves por los corticoides y, a consecuencia, largos periodos de hospitalización. En el 99 me practicaron un Trasplante de médula de mi hermano el cual salió bien, pero a los meses sufrí muchas complicaciones que  pusieron mi vida al límite y que gracias a la intervención del personal sanitario y el apoyo de mis padres logré salir adelante aunque, con muchas secuelas que a día de hoy aún arrastro.

Aspanion fue nuestro ángel de la guarda, una segunda familia que nos blindó su ayuda desde el primer momento a todos los niveles, (económico, moral…) nos hicieron ver que no estábamos solos, descubriéndonos un mundo donde nos sentimos queridos, protegidos y entendidos. Solo puedo tener palabras de agradecimiento y por ello es tan importante para mí formar parte de Caminantes.

Por lo que respecta a mi familia, mis padres se volcaron totalmente, su apoyo, ayuda y dedicación fueron vitales en mi recuperación y en la forma de llevar la enfermedad, a pesar de ello, la familia quedo bastante separada ya que mi hermano tenía que quedarse con mis abuelos  el tiempo que yo estaba hospitalizada, cuando empecé a ver que casi no veía a mi hermano me di cuenta de lo importante que era para mí, él ha sido mi mayor ayuda y mi gran medicina.

“Mis padres se volcaron totalmente, su apoyo, ayuda y dedicación fueron vitales en mi recuperación y en la forma de llevar la enfermedad”

Mis amigos tengo que decir que muchos dejaron de hablarme, tenían miedo ¿a qué? 15 años después aún no lo sé… Y otros muchos han estado ahí, siguiendo mis pasos y dándome fuerza.

Mi relación con el personal sanitario fue extraordinaria. Durante todo el periodo, su humanidad y cariño me hicieron las cosas más fáciles a pesar lo de difícil que yo lo tenía. Solo tuve una mala experiencia con una residente de la que prefiero no hablar.

Creo que es imprescindible que en una unidad como es la de oncología pediátrica el personal sanitario aparte de profesional sea humano y que se acerquen al niño para trasmitirle seguridad y confianza, yo fui muy afortunada y me gustaría que los niños que vengan detrás también tengan este trato y estén igual de bien atendidos.

A día de hoy valoro lo vivido de forma positiva, no es que me gustara pasar por aquella guerra contra mi duro y cobarde enemigo, pero una de las cosas que aprendí en el transcurso de mi enfermedad es a ver el lado positivo de todo, y como no, mi guerra también tuvo su lado positivo; me gusta en quien me he convertido, conocí a personas increíblemente humanas e hice amistades maravillosas con niños que aunque ya no estén conmigo, siempre llevare en mi corazón.

Para terminar una frase que me gusta mucho y para mi tiene un gran significado: “Nunca sabes lo fuerte que eres, hasta que ser fuerte es tu única opción”.

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