Ángela Varela

La vida es un verdadero regalo que por desgracia no todos pueden disfrutar al máximo

Caminantes AspanionHola, me llamo Ángela y en este testimonio voy a contaros la historia de mi vida. Tengo 22 años y cuando tenía dos mis padres empezaron a notar que algo no iba bien. Yo era una niña sana y risueña que pese a su corta edad, ya hablaba y canturreaba a todas horas.

Sin embargo, mis padres empezaron a notar que hacía unos movimientos extraños con el cuello y me quejaba de mucho dolor. No podía dormir por las noches y no hacia más que llorar. Me llevaron en repetidas ocasiones a urgencias y el diagnóstico siempre era de contractura muscular, torticolis, etc.

Pero, al ver que mis molestias no cesaban y con ese sexto sentido que solo tienen unos padres, nos plantamos en urgencias por enésima vez y mis padres dijeron que aquello no era normal y que de allí no nos movíamos hasta encontrar la causa verdadera. Y efectivamente, aquello no era normal.

“Mis padres dijeron que aquello no era normal y que de allí no nos movíamos hasta encontrar la causa”

Después de pruebas y más pruebas llegó el diagnostico: SÁRCOMA DE EWING con metástasis pulmonares. Se trataba de un tumor maligno situado en la zona cervical que afectaba a la columna y a los tejidos blandos de alrededor. Esta definición es ahora muy sencilla de explicar para mi pero imaginaos en ese momento para mi familia. El drama nos invadió y todo era confuso y catastrófico. A partir de este momento me remitieron al Hospital la Fe y empieza todo.

Comenzó un infierno del cual tengo recuerdos vagos que a veces me cuesta distinguir si son reales o son fruto de las muchas veces que he soñado e imaginado como fueron esos momentos. Llegaron la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia y el autotransplante de progenitores hematopoyéticos. Sufrimiento físico para mí y un terrible sufrimiento para mi familia.

Pero ¿sabéis que? Con esto empezaron muchas otras cosas. Empezó el maravilloso trato y cuidados de un equipo de profesionales de la medicina a los que les debo la vida y la labor de un grupo de personas como es ASPANION que brindó a mi familia esa mano amiga que hace falta cuando estas perdido del todo, cuando no sabes hacia donde tirar. Estaremos eternamente agradecidos con vosotros por proporcionar un hogar a mis padres para que estuvieran más cerca de mi, por estar siempre ahí para solucionar la infinidad de dudas que surgen en esos momentos y por el apoyo incondicional que nos disteis a nosotros entonces y habéis seguido dando a muchas familias como nosotros. Gracias.

Como ya supondréis, padecer esto a esa edad tiene la parte positiva de que no recuerdo todos y cada uno de los horribles detalles por los que tienen que atravesar otros niños y adolescentes que pasan por esto más tarde. Sin embargo, han sido muchos años de revisiones, pruebas  y consultas después de que llegara la curación hasta el día de hoy que han dejado recuerdos imborrables.

“Padecer esto a esa edad tiene la parte positiva de que no recuerdo todos y cada uno de los detalles”

No he tenido que verme sin pelo, no recuerdo sufrir dolor ni tener ese miedo atroz que que te recorre por dentro cuando estás pasando por esto. Y tampoco me he atormentado durante el proceso pensando en ¿por qué a mi?

Sin embargo, a día de hoy, sabiendo que muchos de aquellos niños que estaban en la habitación de al lado ya no están  y viendo que mucha gente querida se ha ido por esta misma enfermedad, no puedo más que sentirme agradecida con la vida e incluso llegar a plantearme ¿por qué yo sí estoy aquí?

Nunca voy a poder responderme a esta pregunta igual que nadie puede responder al ¿por qué yo? Pero lo que sí podemos hacer los supervivientes de cáncer infantil es intentar infundir esperanza allá donde vayamos, explicar nuestras vivencias, ya que estas pueden servir de inspiración a personas que estén pasando por lo mismo y dejar claro que hay que luchar hasta el final, que rendirse nunca es una opción. Y eso es lo que estamos intentando hacer desde CAMINANTES. Cada uno con su hermosa historia, nos unimos para que el sufrimiento de mucha gente no caiga en saco roto y sirva de aliento, para expresar nuestras necesidades y nuestras inquietudes después de la curación.

Y ahora con 22 años, curada y cumpliendo mi sueño de ser médico, derivado como no de esa admiración que me ha provocado siempre esta profesión que ha significado tanto en mi vida, puedo deciros que solo puedo sentirme una privilegiada. Privilegiada por estar aquí, por haber aprendido lecciones valiosísimas desde muy pequeña y por el camino al que me ha llevado lo que empezó siendo un infierno.

Y también orgullosa. Orgullosa de mi familia, porque esta lucha no ha sido, ni muchísimo menos, solo mía. Han sentido cada dolor, cada lágrima, cada rizo que se me caía como si fuera suyo y nunca podré agradecérselo lo suficiente.  Orgullosa de la gente que aunque no es de mi familia ha luchado conmigo y sé que lo seguirán haciendo, y orgullosa de poder estar escribiéndoos esto con toda mi ilusión y mi esperanza.

Porque eso es lo que quiero transmitiros: esperanza, siempre esperanza. Y fuerza, toda la fuerza que se pueda sacar incluso cuando crees que todo acaba. Toda la fuerza que intento sacar siempre que me miro al espejo y veo todas las cicatrices. Porque lo único que muestran es que gané, que ganamos.

“Quiero transmitiros esperanza, siempre esperanza, y fuerza”

Por todo esto, solo puedo decir que creo que lo que el cáncer me ha enseñado es que hay que valorar y disfrutar muchísimo cada momento de la vida. Que aunque suene a tópico, la vida es un verdadero regalo que por desgracia no todos pueden disfrutar al máximo y vale la pena pelear hasta el final por ella. Pese a que muchas veces a mi misma se me olvide tenemos que luchar, luchar y luchar. Porque luchar y no rendirse ya es ganar. Así que ya sabes: disfruta, sé feliz y nunca te rindas.

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